Entrevista a LILA DOWNS (1)
 

¿Cómo, cuándo y por qué te decantas por una de las dos orillas?

Al principio me identificaba más con la parte anglosajona y rechazaba mi parte indígena porque así me lo dictaba mi cultura en México. La cultura mestiza rechaza mucho su origen indígena. También se debía, desde luego, a que yo estaba confundida. Porque después me di cuenta de que ahí es donde está todo, por eso creo que en la música mi búsqueda tiende más hacia esa parte.

¿En qué momento te das cuenta de eso y por qué?

Fue un proceso muy largo... Yo iba encaminada a ser operista pero me desencanté con el departamento de clásica de la universidad de Minnesota, donde estudiaba, y quise conocer más cosas del mundo. Dejé la universidad por un tiempo y salí a vivir en la calle y esas cosas. Cuando volví quise estudiar antropología social. Terminé haciendo mi tesis acerca de un textil indígena, el güipiri, y creo que eso me hizo volver a pensar: "¿qué puedo hacer yo que sea bueno?", porque no era muy buena haciendo muchas cosas. Entonces me acordé del canto y empecé a escribir. Al principio era sólo un diario. Me encontraba en México por aquel entonces. Mi padre murió cuando yo tenía dieciséis años, me quedé sola con mi madre, soy hija única y en México tenemos esa tradición -creo que adquirida de los españoles- de cuidar de nuestras madres. Ella tenía un concesionario de coches y por allí pasaban paisanos mixtecos que habían cruzado al otro lado buscando trabajo y que me platicaban sus historias, las cuales me parecían muy interesantes. En una ocasión llegó un señor con un certificado de muerte del estado de California que decía que su hijo de veinte años había fallecido tratando de cruzar la línea y eso me conmovió. Escribí una pieza que se llamó "Ofrenda" que está en el primer CD que hicimos y seguí después con la idea de hacer algo en el futuro dedicado expresamente a eso, y ahora llega... nueve años después.

¿Tú crees que está cambiando la imagen pública de la cultura mexicana?

Sí, yo creo que ahora en el mundo ya estamos preparados para escuchar la versión de los dominados, de la gente colonizada. Creo que que hubo un tiempo en que esto no interesó.

¿Afecta también ese cambio de imagen a los ojos de los propios indígenas?

Yo pienso que sí. Estamos en un proceso de reafirmación de nuestra identidad. Claro que aún predomina lo otro. Pero ahora se empieza a ver un movimiento de más fuerza en México, como es por ejemplo, la resistencia del movimiento indígena y también Marcos -como traductor de este movimiento- ha sido esencial para que la gente comprenda muchos de los ideales.

¿Sigue estando mal visto en México cantar en lenguas indígenas?

Un poco, sí. No tanto mal visto, pero sí un poco como "ay... ¿por qué? ¿qué le pasa?". Incluso con la indumentaria, si te vistes con los textiles tan bellos, la gente lo ve como folclorismo, como que has dejado de crecer creativamente y de integrarte en la cultura mestiza. Yo siento de una manera más sana, que tiene que ver más con el arte, que madura y que crece.

Su propuesta parece ser hacer compatible la tradición con la modernidad ¿cómo se las arregla para juntar esos dos mundos opuestos?

Hace unos diez años, cuando hablábamos de globalización nos emocionamos todos: "¡qué bonito! Vamos a estar todos conectados". Y luego llegó y fue un desastre. Todo se ha vuelto genérico, de repente, en todas partes. Lo observo cuando tengo la oportunidad de viajar: veo aquí las mismas tiendas que en Los Angeles o en Francfort. ¿Qué enfermedad es ésta? No creo que a nadie le guste esto. Bueno, quizá a algunos jóvenes que no conocen otra cosa. Es una tristeza.
Creo que las comunidades indígenas ofrecen tanta riqueza. Mi etnia, y creo que puedo hablar de "mi etnia", porque al mundo indígena lo podemos generalizar pero cada etnia tiene sus opiniones, a veces muy drásticas, acerca de lo que son. Los buicholes son gente más nómada y no ven las cosas igual que los mixtecos que también migran y que a la vez mantienen su lengua y sus tradiciones al tiempo que se adaptan a la modernidad. Esa es la particularidad de mi etnia. Mi abuela me decía siempre desde que yo era chiquita: "hay que irse, vámonos". Siempre llegaba ese momento en que había que moverse, no hay que quedarse en un mismo lugar por mucho tiempo. Yo creo que esas visiones tan cercanas a la naturaleza enriquecen nuestras vidas y no nos hemos dado cuenta de ello. En México mismo no nos damos cuenta de ello. A veces la parte más militante de la izquierda y del movimiento indigenista nos daña más que ayudarnos a unirnos los nuestros con nuestras afinidades indígenas. Creo que el arte y la música sí lo pueden hacer porque ahí nadie te está forzando a hacer nada sino que tú sólo disfrutas y te entra y lo aceptas y se acabó.

¿Y qué tal le entra por los oídos su música a la población indígena?

Bien. Las experiencias que hemos tenido han sido muy buenas y muy respetuosas. Incluso más de lo que yo esperaba. En Guajaca, por ejemplo, la reconocen como una música propia aunque tenga arreglos jazzísticos o más modernos.

¿Es verdad que se mueve algo en México?

Yo creo que empezó a moverse antes ya del cambio de gobierno. Ya se empezaron a ver críticas y más libertades. Lo que ocurre ahora es que la comunidad artística estaba tan acostumbrada a los modos del pasado que se autocensura. Estamos aún en una etapa muy difícil, todavía la izquierda sigue con discursos de los años setenta. Creo que por eso votaron a la derecha. Por que sea como sea, la derecha tiene una plataforma más moderna y menos aburrida. Pero igualmente en la izquierda tenemos miedo al ver en todos los titulares de los periódicos: Bush y Fox, Fox y Bush,... Eso te afecta.

Usted que conoce los dos lados de la línea ¿cree que se mueve algo en EE.UU.?

Sí, creo que, ya sea por intereses políticos o demográficos, ahora nos toman más en serio. Acabamos de estar en Nueva York dando unos conciertos. Es curioso porque en cada lugar prefieren canciones que les mueven, y allí preferían las que van en inglés porque hablan de la emigración, las canciones Woody Guthrie.

Resulta curioso que precisamente haya tenido que ser usted la que recupere a Woody Guthrie cuando parece que todo el mundo se haya olvidado de él, de canciones como "This Land Is Your Land" que es una canción para los parias de la Tierra. ¿Conocen los chicos jóvenes la canción? ¿Saben que es de un folclorista norteamericano?

Bueno, me decían que me acordase de aclarar que no era mía la pieza, sino que fue escrita hace mucho tiempo, porque hay muchos jóvenes que no la conocen. No ocurre lo mismo con la gente de mi generación, que sí la conoce. Además es un poco como un himno, yo recuerdo que aprendí es canción cuando estudiaba en primero o segundo de primaria.

¿Qué hay de verdad en el movimiento de Chiapas?

Hay muchas verdades. Para ha supuesto algo muy importante que el zócalo de la Ciudad de México se haya llenado de gente que apoya el movimiento y que de verdad se expresen así creo que sí representa un cambio para México, aunque los medios de comunicación no quisieran darle demasiada cobertura.

¿Y qué hay de mentira?

Hace un buen tiempo que no voy por allá, así que no me gustaría hablar demasiado. Yo leo La Jornada y sé que últimamente Fox ha sacado a muchos militares que estaban en la zona pero que aún quedan muchos allí.

Se han vertido críticas sobre el papel de los extranjeros en Chiapas, en el sentido de que muchos parecen hacer turismo político ¿qué opina usted de la actuación de los extranjeros?

Bueno, lo expreso en una canción en la que al final digo: "mexicanos al grito de guerra gritamos/pero a la montaña ni locos nos vamos./Turistas y extraños se acercan en vano,/para qué se preocupan de Derechos Humanos/si aquí la justicia sale sobrando". Aquí no sabemos apreciar a la gente que viene a ayudar. A mí me da mucho coraje porque mi padre fue un norteamericano comunista que apoyó mucho los movimientos de izquierda en mi pueblo y que tampoco fue recordado, fue un yankee y se acabó. Eso me molesta. En la frontera eso es distinto, porque, sin tener que vender su alma a los yankees, se ve la parte más humana de los mexicanos con los norteamericanos. Se aprecian y se quieren y eso es muy curioso. Igual ocurre con la gente que ha vivido allí con becas o por cientos de años en lo que antes era México: los estados de Texas, Nuevo México. Esa gente no deja de ser mexicana.

¿Qué valor social tienen las canciones?

Tienen un valor social sólo si tienen un valor musical más profundo. Porque uno puede tener muy buenas ideas sin que funcione la música. Yo pienso en Bob Marley, por ejemplo, y la razón que me funciona en muchas de sus letras también es porque la música es muy fuerte y su timbre de voz trasciende, me mueve de otra forma más espiritual. Tiene que ser algo de verdad completo para que te mueve. Hay movimientos de música de protesta, como se ha llamado en latinoamérica, o de folk norteamericano de donde vienen Bob Dylan o Woody Guthrie, donde no es tan necesaria la interpretación sino la letra y el contenido y los ideales.

¿Cree que ese valor social significa lo mismo en el mundo latino que en el anglosajón?

No, es interpretado de distintas formas. Cuando estuvimos en Nueva York tuvimos una buena crítica del New York Times y una negativa. La negativa venía a decir que yo era demasiado dramática al cantar y que si yo iba a ser una cantante política pues que eso como que no se lleva. Los anglo-americanos son así, es su manera de comunicarse, es más simple. Joan Baez cantaba así: plano, plano. Para nosotros es muy distinto porque Mercedes Sosa siente la canción porque la vive y por eso ella transmite ese mensaje también político muy fuerte.

Es que usted se maneja con muchas voces distintas...

Si es una esquizofrenia. Me encanta probar cosas diferentes con la voz. Ahora me ha entrado un temor porque he oído que ahora está de moda sacar todos estos matices e igualmente dentro de un tiempo va a dejar de estar de moda. Pero es lo que yo soy, yo siempre he sido eso, no tiene que ver con la moda.

En la música también mezcla muchos estilos, como pequeños fragmentos de canciones.

Eso es influencia del hip-hop. Es porque yo siento que el hip-hop es la expresión negra del ghetto, es la manera más tajante de decir las cosas, de decir la verdad.

Citemé tres tópicos falsos sobre México.

Que México no se reduce a la visión de Frida Kahlo.

¿Qué porcentaje de la población mexicana habla las lenguas indígenas?

Poquito, es solamente un 11%. Pero se trata de sesenta y cuatro lenguas diferentes.

Un tópico sobre México es que es un país muy machista, sin embargo de un tiempo a esta parte sólo exporta grandes cantantes femeninas ¿es hoy por hoy la mujer mexicana alguien que le planta cara a la vida?

Sí que lo es, pero quizá de una manera más sutil que la que yo he visto en la mujer española o europea. Pero sí hay una fuerza increíble, sobre todo en la mujer indígena, la mujer que abraza a todos como madre, que los cuida y que está al tanto de todo lo que sucede, pero que al mismo tiempo es quien toma las decisiones de una manera muy sutil.

¿Es distinto el papel de la mujer en la sociedad indígena que en la sociedad criolla?

Sí, porque en las sociedades indígenas en general la vida que desempeña cada quien está muy marcada por el sexo. La mujer trabaja la casa o busca leña y el hombre llega a comer y se tumba. Los indígenas son básicamente rurales pero ahora empiezan a cambiar las cosas y podemos ver a maestros, por ejemplo, tanto hombres como mujeres.

¿Cuáles son sus ídolos musicales?

Lucha Reyes al principio, Billie Holliday, también. Más recientes: Rachel Ferrell. Y gente de músicas del mundo como Dulce Pontes, Virginia Rodrigues o Niña Pastori, que aunque sé que aquí suena muy comercial, es lo que llega allí y a mí me gusta.

¿Y Susana Vaca?

También, he recibido mucha influencia de ella. Llegaron muchos negros a Guajaca desde Chile y Perú y se mezclaron allí. Por eso se toca el cajón como se hace en Perú; también se tocan las chilenas.

¿Qué músicos trabajan con usted en el álbum?

El cajonero es un argentino que lleva ya un buen tiempo viviendo en México, es un percusionista que conoce mucho de ritmos e instrumentos indígenas como el caparazón de tortuga; Celso Duarte, un arpista paraguayo-mexicano; en el bajo está Choco Mendoza; Paul Cohen que es de New Jersey al saxofón, el clarinete y el piano. Como invitados tocan Kenny Basman, que es gran guitarrista de jazz y también está Gabrielito Hernández y Agustín Bernal.