Parece que siempre hubiera estado ahí, y es que lleva ahí mucho tiempo, pero hubo un momento en que Rosendo era la punta de lanza de un rock español que estaba naciendo pesara a quien pesara. A mediados de los setenta España empezaba a desperezarse tras una espesa pesadilla. El rock tenía pocos referentes nacionales, apenas un puñado de grupos que subsistían en un inframundo económico y artístico. Por aquel entonces no había nacido todavía “la movida”, sino que lo que pitaba era “el rollo”, un aglomerado inconexo de grupos que hacían la música más dispar, con tal de que fuera ajena el tinglado comercial al uso. De entre ellos destacaba Ñu, una banda a medio camino entre el rock duro y el progresivo. Con un sonido turbio y tantas ganas como inexperiencia, empezó a lucir palmito su guitarrista, Rosendo, un “lanas” de Carabanchel que se miraba en el espejo de su héroe favorito, el indómito Rory Gallagher.
Cuando las tensiones internas reventaron Ñu, Rosendo formó el trío Leño, donde se cimentaron sus señas de identidad: rock en español con mucha eñe, guitarreo puro y duro, frases como pedradas suburbiales y colegueo ambiental. Para asombro de muchos, las letras de Leño eran algo más que un relleno de tópicos en medio de un mar de “riffs” eléctricos. Sin darse cuenta apenas, Rosendo estaba poniendo voz a toda una juventud instalada a medio camino entre las gasolineras y los descampados. Atento a sí mismo y su entorno, el de Carabanchel reflejaba fielmente sus “Maneras de vivir”: “No sé si estoy en lo cierto / lo cierto es que estoy aquí / otros por menos se han muerto / maneras de vivir”.
Leño creció, convirtiéndose en el grupo de rock duro más sólido de la escena nacional. No eran ajenas a ello las estampas “rosendianas”, tan escuetas como certeras. Un detalle significativo: antes de que al personal le diera por poner a la capital por las nubes -¡mirala, mirala!-, Rosendo -¡mirale, mirale- ya había hecho su radiografía exacta desde el punto de vista del extrarradio: “Es una mierda / este Madrid / que ni las ratas / pueden vivir”. Y, por si las moscas, también deslizaba algún aviso para navegantes: “Corre, corre, corre, / que te van a echar el guante” (“¡Corre, corre!”).
Finalizado el ciclo vital de Leño, Rosendo emprendió camino por su cuenta. Pasó unos años sin poder grabar un nuevo disco, y cuando lo hizo fue con toda la rabia acumulada de un currante cesante, ninguneado por la industria y con los espolones crecidos. Con semejante bagaje no es de extrañar que sus siguientes composiciones revelaran un cabreo justo y necesario. La avalancha de himnos de guerra contenidos su debut en solitario, “Loco por incordiar” (1985), encontraron oidos generosos entre una juventud mayoritariamente en paro: “Voy de aspirante a debutante y no doy más / llegará mi oportunidad” (“Loco por incordiar”).
A partir de ahí, con los altibajos propios de la moda -que si el rock vuelve o deja de volver-, Rosendo se ha mantenido como un narrador de asombrosa eficacia, siempre pegado al terreno que pisa sin darse aires de grandeza. Y es que cuando se ha recorrido mucho camino se mira las cosas con una cierta distancia: “Tanto pasar y luego pasa lo de siempre / se te amontona el temporal / siempre pegándole un sablazo al remanente / no vas p’alante ni p’atrás” (Listos para la reconversión).
PREGUNTA- ¿Cuándo empezaron a llamarte la atención las letras de las canciones?
RESPUESTA- Creo que desde siempre, lo que pasa es que me gustaban mucho los grupos de rock de fuera, pero como no sabía inglés no me enteraba de lo que decían. Luego te llevabas desengaños como con los Lynyrd Skynyrd, que yo los defendía a muerte y resulta que sus letras eran fachosas y asquerosas. Me he llevado muchos chascos así, porque lo de las letras no era algo que me preocupara demasiado. Cuando empecé en esto, lo mío era tocar la guitarra y poco más. Más tarde, ya con Ñu, me mosqueaba lo de tener un cantante que sólo cantara, mientras que uno estaba siempre estudiando para tocar la guitarra, comprando equipo y tal. Me parecía un lujo que no venía a cuento. El cantante nunca tenía que hacer nada: llegaba, cantaba y nada más. Así que me plantee lo de cantar yo y, a la vez, surge la necesidad de escribir las letras.
P- ¿Y cómo resuelves el compromiso sin tener apenas referentes?
R- Cuando empecé a escribir me guiaba por lo que se suponía que decían las canciones que oía, por las traducciones que iban llegando de Bob Dylan, por ejemplo, que era lo que se traducía con más asiduidad. Me sorprendía que las canciones eran frases sueltas, no sé si por efecto de la traducción, pero las letras no tenían mucha continuidad, eran sólo ideas. Esa fue la pista que seguí para escribir y así sigo, haciendo renglones que cada uno puede significar algo por sí sólo, aunque luego pueda tener algo que ver con todo el conjunto.
P- Antes de que escribieras tus propios temas con Leño, la experiencia de Ñu supuso un primer paso para el rock cantado en español. ¿Fue muy complicado romper el hielo?
R- Aquello era horroroso, tratábamos de decir lo que escribíamos y sonaba como el culo. Aquellas frases eran imposibles de pronunciar en condiciones, y no digamos ya de armonizar. La gracia estaba ahí, que quizás fuéramos los primeros en intentar que eso sonase normal, en acostumbrarnos a decir las eñes y las erres, cosa que no pegaba ni con cola en el rock and roll. Fue algo que me resultó rarísimo al principio, incómodo de cojones, pero había que hacerlo. Ahora mismo, no entiendo que no se cante el rock and roll en castellano, pero en aquel momento era a fuerza de atrevimiento.
P- Pues precisamente ahora la vanguardia del rock nacional canta en inglés...
R- Me parece una forma cómoda de hacer las cosas. Dover es un grupo que suena de puta madre. Me gusta lo que hacen: rock and roll bien tocado, y cada vez mejor. Pero que canten en inglés me toca los cojones porque me da la sensación de que no me están dejando algo claro. Como no sé lo que dicen, no me fío de ellos. Cantando sólo en inglés está claro que pretenden llegar a un mercado más grande, y me parece lícito, pero ¿por qué se olvidan del castellano? Si tuvieran interés en que se supiera lo que dicen cantarían en castellano también. Me da la sensación de que esa es la postura fácil ante algo que nos pasa a todos, porque escribir es muy delicado. Si escribes en inglés entra mejor, no se va a entender y da igual. Ahora mismo estaba escuchando el disco de estos chicos y en cuanto empiezan a cantar paso al siguiente tema. Es un mal rollo por mi parte, ya lo sé, pero es así.
P- ¿Qué pasa si escuchas una canción cuya música te gusta y la letra te repatea?
R- Me condicionaría mucho. En ese caso casi preferiría que cantaran en inglés. Para mí la letra es el 50%, cuando menos, de la sustancia de las canciones. Como me cuesta tanto escribir, y creo que realmente merece la pena pelear por el idioma que tenemos, que es inmenso y maravilloso, cada vez que oigo a alguien que no se ha comido el tarro me empieza a dar por el culo, porque yo sí me lo he comido.
P- Un género tan rígido como el rock duro ¿no condiciona un poco la temática de las letras?
R- En determinados circuitos, como el del rock duro, hemos estado condicionados por cuatro radicales tipo El Pirata o el Mariscal Romero, que tenían sus consignas y las llevaban a rajatabla. Yo empecé a desmarcarme de todo eso cuando estaba con Leño y me llovieron las hostias por todos los lados. Y la cosa fue así incluso sin que las letras cambiaran gran cosa, bastaba con no seguir la pauta de la vestimenta, de la imagen, y ya empezaban a tacharte de todo. La música es el medio de comunicación más grande y variopinto que hay y si te empiezas a limitar la estás cagando. Hemos estado condicionados durante mucho tiempo y eso hay que romperlo. Sin embargo, pese a todos los años que han pasado, seguimos así: los grupos nuevos, con escucharles cuatro frases, ya sabes de qué van.
P- ¿Qué quieres decir?
R- Antes había que hacer un tema que hablase de la religión, otro sobre las drogas, otro de la mili... Había cuatro o seis cuestiones de las que siempre había que hablar. ¿De qué ibas a escribir?, pues de los cuatro o cinco temas que conoces o te preocupan y que puedan interesar a los demás. Eso es algo que sigue condicionando a la gente. Tengo por ahí montones de maquetas que me manda la gente y siguen con los mismos temas de siempre, o peor aún, con los temas que están de moda. Ya hace tiempo que vengo huyendo de utilizar los temas que se supone que van a funcionar y cuento cosas que a lo mejor nadie entiende, pero que pueden transmitir alguna sensación al que lo escucha. Esa es mi fórmula, a lo mejor por el hecho de no escribir, de no leer, de no tener documentación ni ninguna técnica. Sería incapaz de distinguir entre un escritor y otro, porque no he leído a nadie. Cuando me pongo a escribir no sé de dónde coño me sale la forma ni las ideas, pero es algo que tengo que hacer. Me lo he ido planteando con el tiempo para no repetirme, para que la cosa no empiece a oler. Sin embargo, ya ves, el tema de la religión acaba apareciendo siempre en mis discos, no sé si es que no me he quitado el chip de que tengo que hacer un tema sobre religión o es que es algo que inconscientemente está ahí. Intento huir un poco de los tópicos, porque realmente tengo cosas que decir. En cuestión de canciones se nota cuándo alguien te está diciendo cosas o cuándo está usando los cuatro tópicos de siempre. Me da la impresión de que para eso no hay que saber escribir, sino simplemente querer decir y comerte el coco.
P- Parece que te cuesta escribir...
R- Escribir no es algo que salga de mí. No escribo más que las letras de las canciones, y sólo de las que se editan, porque tengo canciones aparcadas por ahí a las que no les he puesto letra siquiera. Eso sí, desde el momento en que empecé a cantar, sobre todo en solitario, me como el tarro mucho con las letras. Cuando tengo que escribir me tengo que perder, no ver a nadie, necesito una concentración que me parece imposible de conseguir, porque no es algo que me guste ni que sepa hacer.
P- Pues para no saber hacerlo, tienes un estilo muy definido: frases rotundas y pocas palabras.
R- Uno de los retos de escribir canciones es decir el mayor número de cosas en el menor espacio posible. Me gusta hacer frases que digan mucho con pocas palabras. Eso hace pensar y es positivo. No me gustan las letras largas, como no me gustan los temas largos. En la época de Ñu lo hacíamos todo muy largo, pero es que teníamos que enseñar todo lo que sabíamos hacer. Es una putada, pero te das cuenta de lo pesado que era todo aquello cuando pasan los años. Para mí el punto está en encontrar la frase adecuada. Por ejemplo, la de “Maneras de vivir”: “No sé si estoy en los cierto / Lo cierto es que estoy aquí”. Creo con esa frase ya sobraba todo lo demás. Una canción como “Maneras de vivir” tiene una temática tan amplia que te daba para escribir lo que fuera. Esa canción es de la época de Leño, y aunque escribía yo, lo hacía por todos, por un núcleo de gente que se supone que pensábamos todos lo mismo y que peleábamos por una serie de historias. El planteamiento era contar lo que veías cada día y darle cuerpo.
P- ¿Fue entonces cuando descubriste que “es una mierda “este Madrid ”?
R- Esa canción fue de las primeras que escribí. De hecho salió justo en el momento en que dejamos lo de Ñu y empezamos con Leño. En cuestión de días hicimos siete u ocho temas, y surgió la posibilidad de presentarnos como teloneros de Asfalto en el Alcalá Palace, así que acabamos las letras deprisa y corriendo para poder tocarlas allí. Incluso hubo una canción, “Nana”, que no llevaba ni letra, lo de “na na na na” era sólo una referencia de voz. Con “Este Madrid” queríamos dejar claro que éramos un grupo del Foro. En aquellos años el rollo de la música era algo que me aislaba de todo lo demás. Éramos muy jóvenes y lo único que quería era tener un grupo y tocar bien. No me planteaba que estaban pasando cosas y que tenían que seguir pasando. Lo que contaba era lo que veía por ahí, cómo nos sentíamos en ese Madrid que vivíamos intensamente, porque entonces estábamos en la calle todo el día. Era una ciudad difícil en la que no había manera de vivir, y sigue siéndolo, que es lo curioso. Era una canción hecha desde el cariño, porque si algo deja claro es que Madrid es lo más grande, pero por eso precisamente me quejaba, porque era una putada que siendo lo que más queríamos estuviera en esas condiciones. Luego el tiempo me ha demostrado que es imposible que esté de cualquier otra forma. Es una ciudad que puedes seguir queriéndola, pero desde luego ella no va a poner de su parte nada.
P- Aquellos años fueron cruciales para Madrid y para toda España: la transición, la movida, el cambio y demás mutaciones más o menos reales. ¿Te dabas cuenta de que eras parte de ese momento histórico?
R- Entonces sólo era consciente de que las cosas iban a cambiar y que nosotros íbamos a ser los que rompiéramos en el aspecto musical. Del resto de las cosas no era muy consciente, pero los músicos de rock and roll estábamos perseguidos por todo, desde el aspecto personal hasta la música que hacíamos. Eso formaba parte de aquel asunto y le daba gracia a la cosa. En aquel momento yo ya llevaba la melena y me sentía diferente, que era algo muy importante entonces, cuando curraba en una empresa de ladrillos y era el botones que iba a cobrar las facturas. La verdad es que no sé ni como me metí en el circuito profesional, porque lo único que hacíamos era estar horas y horas en el local ensayando. No éramos conscientes de lo que pasaba alrededor, aunque sí de que tocábamos la música que nos gustaba y decíamos lo que veíamos. Hablábamos de aquello de lo que estábamos hasta las narices, pero no había ese sentimiento “talibán” que se supone que hubo después. Ahora veo esas posturas mucho más ficticias que antes, ahora la gente es más consciente de las cosas, pero muchas veces se batalla en falso, se utilizan topicazos y mamoneos. A lo mejor es que me estoy volviendo viejo, pero creo que, incluso reconociendo que no sabíamos muy bien lo que hacíamos, sí que estábamos peleando y diciendo cosas que en aquel momento eran peligrosas. De hecho, el primer disco que sacamos, con el “Este Madrid”, estuvo censurado en la SER porque decíamos que era una mierda. Ahora es casi obligado cagarse en dios, porque si no, no eres un duro del rock.
P- ¿Pasar de ser miembro de un grupo a dar la cara en solitario influye en la manera de contar cosas?
R- Sí, claro. Cuando estaba con Leño era distinto, había una filosofía de grupo y una serie de consignas que nos condicionaban. Ahora lo que escribo son sensaciones personales y paso de apuntarme al carro de la actualidad. La mayoría de las veces estoy hablando de mis cosas o me estoy hablando a mí directamente. Utilizo diálogos en los que uno dice y el otro contesta, pero no se sabe bien quién es cada cual. La gente que me sigue y que se lee las letras todavía no tiene muy claro de lo que hablo. Muchos me han dicho que no saben si les vacilo o no digo nada, pero mola. Son canciones que les dan pistas a la gente, pero no logran tener una imagen clara de lo que está pasando. Muchas veces oculto el sentido de lo que digo porque en realidad estoy hablando de mí y me da vergüenza decir las cosas a las claras. Al fin y al cabo, que cada cual invente, que esa es una de las cosas que la gente espera de mí, que no esté claro lo que pasa.
P- No das pistas, pero en tus canciones abundan los consejos.
R- Sí, me temo que sí, aunque pretendo huir de eso, pero creo que los consejos que doy es que me los deseo para mí mismo. Me he dado cuenta de que a veces intento imponer una idea, y eso me da miedo porque no hay nada más lejos de mi intención. Lo que hago es contar historias personales en las que me recomiendo alguna postura en concreto, pero es algo que va dirigido hacia mí, más que nada. No quisiera que eso trascendiera o que se entendiera como un consejo generalizado, porque me da mucho respeto decirle a nadie lo que tiene que hacer. Mi opinión se la doy a quien sea, pero que no se entienda como un consejo, porque eso es bastante delicado.
P- En tu primer disco en solitario, “Loco por incordiar”, abundan esos auto-consejos, tanto que más parece una declaración de intenciones que otra cosa.
R- “Loco por incordiar” fue una reacción a la situación que tenía entonces. Sabía que lo de Leño se tenía que acabar, pero yo tenía que tirar pa´lante. Tenía 30 años, me encontraba en el mejor momento de mi carrera y estaba convencido de lo que hacía, tenía cosas que decir, así que había que hacer un disco que no desmereciera con respecto a lo que había hecho hasta entonces, que lo superara, porque si no, ¿para qué coño había dejado los Leño? Entonces todavía tenía contrato con Zafiro, les debía dos discos, así que les dije que el grupo se había acabado, que yo pensaba seguir y que les hacía esos discos. Me dijeron que vale, pero la cosa no salía y me tuvieron esperando durante dos años. Luego, cuando me dijeron que no había na’ de na’, lo primero que les solté es que les estaba muy agradecido. Me habían estado puteando, entreteniendo, me habían llegado a ilusionar con que ya iba a hacer el disco en solitario, pero luego empezaron a dar largas. “Agradecido” está dedicada expresamente a la gente de la industria que me había estado puteando. En ese disco hay más de un tema que habla de eso. Creo que el resumen de todo el disco es “Loco por incordiar”, que es donde solté todo el veneno que tenía dentro. Luego hay otras canciones, pero todas van de lo mismo: “Y Dale!” es un poco el azote en el culo para decir “vamos pa´lante, que hay que darle calor y color a la cosa”. Es el desencanto de que te digan que todo está muy bien, pero que, o haces Leño otra vez o se ha acabado. Y “Pan de higo” es una declaración de guerra, una guerra dulce, ¡ja, ja, ja!: “Voy a ser el enemigo / disparando pan de higo”.
P- Además de “Loco por incordiar”, hay otros discos en los que desgranas una cuestión en varios temas. ¿Por qué esas fijaciones?
R- Es que como me pongo a escribir de golpe todas las canciones, suelen tener una misma temática. En el siguiente disco que hice, “Fuera de lugar”, pasaba lo mismo. La historia fue que después de una batalla de dos años me hacen el “Loco por incordiar” y el disco funciona muy bien. Se notaba que había mucho interés por parte de la compañía. De repente paso de no haber tenido nunca una relación con la industria, a estar invitado a las fiestas de la compañía, a dar la cara en las reuniones y a estar siempre fuera de lugar. Había peleado por estar ahí, y una vez que estaba no sabía muy bien si era eso lo que quería. No me acababa de creer que dos años antes hubiera estado en la miseria y, de la noche a la mañana, ya fuese importante. Me veía un poco descuadrado y la mayoría de los temas de ese disco van por ahí.
P- Casi parece que tus discos fueran un parte de guerra profesional.
R- Pues un poco es así. Tengo otra canción sobre el tema, “En agua caliente”, que es del disco “A las lombrices”, del 87. Entonces estaba peleándome con la compañía. Me impusieron un estudio de grabación y un productor que yo no quería. Hubo una serie de historias que no me cuadraban, además el disco anterior no había funcionado tan bien como se esperaba. Fue el momento en que la compañía se fusionó con otra, cambió la gente con la que trataba y ya no conocía a nadie. Un mal rollo. Hice esa canción con muy mala leche, y ellos, con más mala leche aún, la sacaron de single, como diciendo “no creas que no sabemos de lo que vas, nos estás tachando de todo, pues toma, por listo te la sacamos de single”. Además me firmaron la carta de libertad y me pusieron en la calle, cosa que les agradeceré eternamente. Podían haber acabado conmigo, pero se portaron. La canción funcionó bien, la apoyaron y yo me la envainé. Pero la letra era durilla: “Se le consiente el valor / y se le ignora el talento / se le pone marcha atrás / se le quita X por ciento”.
P- A estas alturas de tu película personal, con el valor reconocido en premios y demás, ¿de qué hablan tus canciones?
R- Pues, por ejemplo, una de las últimas, “No son gigantes”, va del rollo del Quijote directamente. Es decir que no hay nada que sea imposible, no hay nada tan grande que uno no pueda con ello. La primera frase me parece que ya de por sí tiene cuerpo: “Cómo me he podido equivocar / con lo que a mí me cuesta”. Creo que con eso ya no hace falta más canción.
(Entrevista inédita realizada en 2002 © Ricardo Aguilera)
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