Entrevista a MARTIRIO

Arreglá pero informal
 

Antes de Martirio había una chica llamada Maribel Quiñones que se dedicaba a la canción folk-protesta-coral en el grupo Jarcha. La mutación se produjo por el contacto venenoso con un tal Kiko, un catalán muy fino afincado en Andalucía. Maribel trocó el jersey de progre con bolitas por la peineta psicodélica y apareció Martirio de Pasión -luego Martirio a secas-, como corista estrella de Kiko Veneno. Su primer disco, “Estoy Mala” (1986) fue un latigazo conceptual para la inquieta movida del momento, pues lograba la cuadratura del círculo: modernidad con raíces. Martirio reivindicaba la copla y el rock como elementos complementarios, no en pie de guerra. Sus letras tenían la guasa de lo tremendo y el bisturí de la ironía. La canción que daba título al disco, “Estoy Mala”, ponía al cabo de los tiempos la copla de Quintero, León y Quiroga con unos versos que parecían la traducción española del “Mother’s little helper” de los Rolling Stones: “No tengo ganas de ná / Necesito una pastilla para ponerme a funcionar”. Aquel primer disco contenía otras piezas notables de sociología pop y aflamencada: “Madurito Interesante” fotografiaba al yuppie nacional, “Separada sin Paga” era un romance contemporáneo y “La noche es guy” anunciaba lo que acabaría siendo el ambiente de Chueca.
Su siguiente disco, “Cristalitos Machacaos” (1988) siguió en la misma tónica de sensibilidad multicolor y lucidez juguetona. En él brillaban con luz propia de feria popular unas impagables “Sevillanas de los bloques”, aguafuerte cariñoso y atroz de la realidad del sur. Y una frase para la eternidad: “Con mi chandal y mis tacones / arreglá pero informal”. Tras un disco que no tuvo demasiado eco, “La Bola de la Vida y del Amor” (1991), Martirio dio un volantazo en pos de la experimentación cañí con “He visto color” (1994), compuesto íntegramente por sevillanas, pero tocadas en sintonía con el jazz, el blues, el rap, el pop, el swing o la música árabe. Las letras, como siempre, apuntando a la problemática cotidiana en clave femenina. Pocos, como Martirio, han sabido integrar en las canciones el habla popular, esos chascarrillos que destilan la esencia de un momento, de una manera de vivir, de pensar o de sentir. Si sus primeras composiciones las hizo con la inestimable muleta de Kiko Veneno, “He visto color” la revelaba como una letrista suelta y audaz, capaz de dejar para el disfrute del personal frases “cuadradas pero redondas”, como ella gusta en decir: “Mira que mira ese huevo con papas / está hecho un fenómeno” (“El huevo con papas”), “Me dicen la gordi, y a mí que no me digan! / total, yo por arriba, no, yo lo que tengo es barriga” (“Las mil calorías”), “Dejarse llevar / que el cuerpo no tiene / la culpa de ná” (“He visto color”).
La última etapa de Martirio se ha centrado en una trilogía impagable: “Coplas de madrugá”, “Flor de piel” y “Mucho corazón”, discos en los que la creación formal prima sobre la literaria, ya que se trata de una bellísima revisión del cancionero nacional y latinoamericano donde se entremezclan con exquisito acierto las melodías originales con aromas ajenos. La copla se hermana con el jazz, el son con la soleá o el tango con la bulería. Para eso hay que tener arte generoso y amplitud de miras, aunque sea tras unas gafas negras.

PREGUNTA- Muchas de tus letras las has hecho a medias con otras personas. ¿Cómo se escribe al alimón?

RESPUESTA- Hay que empezar por una afinidad de criterio, un conocimiento personal y, sobre todo, una dirección. Las dos personas tienen que estar en la misma onda, tienen que querer decir lo mismo y se tienen que encantar mutuamente. No se puede decir esta línea es tuya y esta mía. Hay que estar en sintonía de lenguaje, de risas, de amistad, leer un mismo tipo de poesía o tener el mismo sueño.

P- Tu principal “partenaire” en estas lides ha sido Kiko Veneno, ¿no?

R- Sí, por supuesto, con él he escrito muchas canciones: “Separada sin paga”, “Estoy mala”, “Madurito interesante”, “La noche es guy”, “Excalibur”, “La perla”, “Sevillanas de los bloques”, “El productor”, “Amor masoca”... Muchas, aunque en otras han intervenido gente como Hilario Camacho o Carlos Rubio. De todas maneras, no escribo con Kiko desde el año 91 o por ahí. Me ha enseñado a quitar la paja y a buscar solamente las imágenes, el sentimiento y lo que quiere decir la canción. Kiko es muy certero con una palabra, mientras que yo le proponía quince estados de ánimo para que me dijera esa palabra. A lo mejor él se quedaba un poco obnubilado mirando al techo pensando la palabra, y yo, como soy tan cañera, le estaba torpedeando con cincuenta conceptos a la vez. Así hasta que me miraba y decía: ese. Y también pasaba al revés, que por una estrofa o una línea que él decía, a mí ya se me ocurría otra historia.

P- De aquella época inicial con Kiko Veneno la canción que más rompió fue “Estoy mala”, un “cover” de una copla clásica puesta al día.

R- Esa lo escribimos en el 84, más o menos. Salió de lo que escuchaba por la calle. Veía que la mujer que no desarrollaba el trabajo fuera de su casa, o que no tenía en su casa tenía un rincón de creatividad, de respeto fuerte, somatizaba todas las enfermedades. Cada vez que se encontraban dos mujeres, ya estaban: “¿ Tú cómo estás?”, y la otra, “¿Y tú cómo estás?”. Y a partir de ahí ya se largaban la ristra de enfermedades, porque están somatizando una energía que no canalizan bien, una frustración.

P- ¿Cuándo te “independizas” en la composición de las letras?

R- A partir de las sevillanas -el disco de “He visto color”- es cuando empiezo a escribir más sola. Ahí tengo con Kiko alguna canción, “El come come” y “He visto color”, pero creo que el resto son mías. De todas maneras, antes también había canciones mías: “A mí quién me cuida”, “Las mil calorías”, “Quiero que te escapes”, “Te lo digo de verdad”, “Look at the boy” o “A reirme y a descansar”. Escribiendo sola sigo más o menos el mismo método. Empiezo a escribir muchas cosas hasta que por fin hay imágenes absolutamente claras. Quito muchas cosas para decir una simpleza muy corta. Para llegar a eso hace falta expurgar mucho. Me gusta mantener un nivel coloquial, que se puedan introducir cosas cotidianas, frases populares, latiguillos que estén en boca de todo el mundo, o un tipo de concepto que a lo mejor es nuevo, pero que se aplica a cosas que había antes. Cualquier palabra moderna que se haya hecho popular me vale. Hay muchas frases de las canciones que se cogen del pueblo y al pueblo vuelven. Yo cojo desde ahí hasta la parte más flamenca y más de sentencia, que tiene mucho que ver con Machado.

P- Ya que hablas de Machado, ¿está la poesía de capa caída?

R- Si no se le echa cuenta, y es cierto que en este tiempo la gente no lee poesía, se pierde un enriquecimiento brutal. La poesía es el meollo donde está toda la literatura. Hay que aprender a leer poesía y hay que volver a darle caña a la gente para que lea poesía de cualquier tipo, desde los místicos a Corcovado. La poesía es la forma de expurgar un sentimiento y una imagen, es un querer decir con la belleza y la libido, te ayuda a entrar en una introversión. Es fundamental y es necesaria. Las canciones quizás sean un poco más fáciles de entender, están hechas más para la gente. También hay letras muy complicadas, no ya de aquí, sino de cualquier tipo de repertorio clásico, pero llevan una imagen y una carga que llega rapidísimo. Hay muchas canciones que tienen una carga poética muy grande y la gente se las aprende porque se las ponen en la radio; ya no hay tiempo para sentarse a leer poesía. Aunque difícilmente ponen hoy en la radio canciones poéticas, ni las letras que más se escuchan son las que tienen calidad literaria. Siguen haciéndose letras muy buenas, pero últimamente lo que se escucha es muy liviano, por no decir vulgar, y en muchos casos fácil. Sin embargo, se siguen escribiendo canciones muy buenas. Pero lo que se escucha todo el día -y en verano es muchísimo peor- tienen una falta grande de calidad.

P- Tus canciones casi siempre reflejan la vida cotidiana en clave femenina. ¿Escribes para las mujeres?

R- Todas las canciones que he escrito tienen que ver con el amor, pero luego ha habido un índice muy grande de canciones que he hecho para liberarme de cosas, como mujer de una determinada generación. Muchas veces las he hecho con una cierta ironía o un toque de gracia, para contar una realidad bastante fuerte. Son canciones muy dirigidas a la mujer y muy de mujer, aunque como el sentimiento es de los hombres y de las mujeres, también les entra a muchísimos hombres, pero fundamentalmente han sido letras liberadoras. También son letras muy cotidianas, del tipo de “se me está cayendo el pelo cada vez que me lo peino”. Todo eso tiene mucho detrás, porque llega una edad en que a las mujeres nos toca tener que aguantar que promocionen a la que es una chavalita, entre otras muchísimas cosas. “A mí quién me cuida”, por ejemplo, es una historia de un romance del Inserso. No sólo es “a mí quién me cuida”, cuando se tienen setenta años, sino “a mí quién me cuida” cuando te has separado o cuando no tienes la perspectiva de buscar una pareja y tienes que vivir sola como en este país se ha vivido sola. Todas esas cosas. Mis canciones tienen que ver con el amor, pero también con lo social. Por ejemplo, “Separada sin paga” tiene un planteamiento social. Tiene un poco de novela o de culebrón, de copla, de testimonio de un estado nuevo que aparecía en la sociedad y que no había sido reflejado en una canción. Desde luego no es mi historia, con mi marido me llevo muy bien, gracias a Dios. También tiene mucho humor, porque de todas las situaciones difíciles he salido con humor. El humor es importantísimo en la forma de escribir, desde un artículo a una canción. Para sacar cosas fuera, el humor es lo más grande. Puedes decir que soy muy dramática, pero siempre me miro desde arriba, procuro no estar metida dentro del fango, sino que cuando ya he salido del pozo es cuando creo que puedo contar una situación dramática dándole un poco de humor, con lo cual la gente lo puede recibir mucho mejor sin que se sienta agredida.

P- Sensibilidad social y sentido del humor: eso es la “Sevillana de los bloques”

R- La “Sevillana de los bloques” es el retrato de un vecindario donde se ve el tipo de gente que allí vive, lo que están pensando, lo que están haciendo... Hasta el nivel económico se ve. La idea era contar lo que es una escalera de vecinos, y cuatro temas que estaban muy en la calle y que yo escuchaba mucho en los mercados. Lo de “arreglada pero informal” lo escuchamos Ana, la mujer de Kiko, y yo en una frutería. A partir de ahí empezamos con la historia, porque yo estaba siempre hablando en plan “Mari”, que es algo que me gusta muchísimo de toda la vida. Quería reflejar todo lo que pasa en un vecindario, como lo de las antenas comunitarias, con toda la gente del barrio viendo los viernes las películas porno, que aquello fue una revolución. “¡Yo no las veo, yo no las veo!”, decían, pero todo el mundo las veía y, claro, con la animación sexual, los matrimonios aburridos, ¡venga!. Después estaba lo que a la gente le gusta ir al Hiper. A nivel popular, cuando empezaron los grandes almacenes era una fiesta: eso de que has comprado de todo y llegas a casa atiborrado. Y luego, lo que han sido siempre los domingos, con la mañana dedicada a la familia y la tarde dedicada al fútbol. Por la mañana, mientras la “Mari” termina la casa, él está dando una vuelta con el coche o comprando el periódico, y por la noche él está leyendo el periódico o viendo el fútbol, mientras que ella está limpiando los uniformes para el día siguiente. Y por supuesto, había que incluir esa frase que hemos escuchado todos en casa: “¡No puedo más, estoy harta y cojo la puerta!”.

P- Otra vuelta de tuerca a la misma temática cotidiana y vecinal, pero con el añadido gastronómico, se encuentra en “Las mil calorías”.

R- Esa canción es un retrato de esta época en la que a todo el mundo se nos ha obligado a estar más delgadas, y eso ha causado muchísimos traumas que no hay manera de contarlos. Es una canción muy de la calle también, tiene que ver con algunas frases que me contaba una amiga mía, Carmen, que trabaja en un ambulatorio: “Yo no estoy gorda, no estoy como otras que se les caen las carnes por los zapatos”. Es algo muy gráfico, absolutamente de pueblo. También tiene mucho que ver con la estética carnavalera de Cádiz, porque la escribí en un tiempo en que estaba allí y se me pegó esa manera de contarlo. La canción tiene un sentido del humor muy fuerte, porque hasta la gente que está un poquito gorda se reía. Pero claro, todo estaba pasado por mí, quiero decir que yo no estaba cantando a Manolita, sino a cosas que me han pasado a mí. Y es mejor no echarle cuento, que el cuerpo no tiene la culpa de nada. Además, yo soy absolutamente culinaria y me parece que un huevo frito con patatas es un cuadro, una cosa con la que se sueña, sobre todo cuando estás fuera de España. Un plato de huevos fritos con patatas me parece un sol azteca, y por eso escribí la de “El huevo con papas”.

P- Dejando de lado el protagonismo femenino, tienes una lúcida reflexión sobre la personalidad masculina en “Madurito interesante”.

R- Es el retrato de una persona a la que conocía muy bien, que fue de los primeros de ese tipo de hombre, aunque luego hubo cola. Fue una especie de hombre que apareció en este país con los primeros “yuppies”, cuando empezaron a ponerse cremas para la cara, aunque venían de una postura muy concienciada e intelectual. De pronto se separaron de sus mujeres y empezaron a coger esa parte tierna y cariñosa del que sabe, pero también esa parte nueva del mostrarse y del quererse, del cuidarse, del mimarse y de buscar mujeres más jóvenes. Es ese tipo de hombre que tiene la casa llena de plantas, algo a lo que tú no estabas acostumbrada. Por ahí te ganaban. Después, tenían un albornoz granate oscuro -o verde oscuro- y ya te mataban; y si tenían los dos, no te quiero ni contar, ya era mucho. Y, por supuesto, sabían de vinos, de gastronomía, de paisajes, de todo lo que habían ido acumulando de diversas historias sentimentales.

P- La ruptura sentimental es otra de las claves de tu obra.

R- Sí, aparece mucho, a lo mejor demasiado. Por ejemplo, “Amor Masoca”, es una canción que me gusta mucho porque la escribí en un momento difícil, muy afectada del corazón; sin embargo, tiene un punto agridulce, con unas fotos muy buenas: “Nunca he visto tantos coches como el tuyo / la paranoia me sigue por la acera”. Cuando uno se acaba de separar de un amor, todos los coches que ves son como el coche de él. También está la imagen de estar en un sofá rebobinando el vídeo de tu historia y arañando el mando a distancia. Me parece que define bien ese periodo que va desde que termina una relación hasta que sanas. Rebobinas mil veces la situación, y más vale que lo hagas y aprendas para no cometer los mismos fallos en la próxima relación que viene.

P- Y luego llegan las canciones de liberación, cuando ya se ha pasado el mal rato.

R- Esas son canciones como “La Perla”, que es una especie de bandera, es la canción de una mujer que se ha liberado, que es capaz de contarlo y de cantarlo, que no te cuenta que sea la más grande ni la más fuerte, te cuenta que su corazón es una gran puerta que se abre con una horquilla, pero desde luego no la van a comprar por mucho oro que le pongan por delante ni la van a hacer cambiar por muchas cosas que le ofrezcan, porque esa muPara mí el flamenco simplifica la parte más exprimida del limón, y es donde se ven claramente, en más corto, las cosas más tremendas. La copla es una historia, son canciones que están construidas de arriba abajo y se ve desde los sentimientos hasta los paisajes o la clase social de los protagonistas. Todo ese estilo de composición, aunque sea una balada, tiene que ver con la copla. El rock tiene mucho más de síntesis. Es una forma de poner en castellano la música anglosajona. Los grandes de esto son Kiko Veneno y Santiago Auserón, fundamentalmente, aunque Antonio Vega también tiene su punto. Con respecto a la elaboración de las letras, aunque no tienen nada que ver, Kiko y Santiago son los que mejor han traducido el pop y el rock al español. Son géneros que pueden tener una letra más simple porque tienen buena música y un estribillo. Sin embargo, creo que cuando uno tiene un estadio lleno de gente que va a escuchar canciones tuyas, que es la posibilidad que tienen el pop y el rock, estás obligado al compromiso estético y ético. Hay que cantar cosas que meneen el sentimiento de la gente a cualquier nivel, tienes que aprovechar para contar cosas para que la gente crezca espiritualmente y como persona, no decir cosas baladíes.jer ya es libre. Tiene mucho que ver con la tradición de la copla cuando cantan a una mujer determinada.

P- Has hecho copla, flamenco, pop, rock... ¿Hay un tipo de historia para cada género?

R- Para mí el flamenco simplifica la parte más exprimida del limón, y es donde se ven claramente, en más corto, las cosas más tremendas. La copla es una historia, son canciones que están construidas de arriba abajo y se ve desde los sentimientos hasta los paisajes o la clase social de los protagonistas. Todo ese estilo de composición, aunque sea una balada, tiene que ver con la copla. El rock tiene mucho más de síntesis. Es una forma de poner en castellano la música anglosajona. Los grandes de esto son Kiko Veneno y Santiago Auserón, fundamentalmente, aunque Antonio Vega también tiene su punto. Con respecto a la elaboración de las letras, aunque no tienen nada que ver, Kiko y Santiago son los que mejor han traducido el pop y el rock al español. Son géneros que pueden tener una letra más simple porque tienen buena música y un estribillo. Sin embargo, creo que cuando uno tiene un estadio lleno de gente que va a escuchar canciones tuyas, que es la posibilidad que tienen el pop y el rock, estás obligado al compromiso estético y ético. Hay que cantar cosas que meneen el sentimiento de la gente a cualquier nivel, tienes que aprovechar para contar cosas para que la gente crezca espiritualmente y como persona, no decir cosas baladíes.

P- ¿Crees en la validez de un mensaje cantado?

R- Sí, pero no como un mitin, sino el mensaje como una cosa supercotidiana, dicha de una manera sencilla, pero que vaya a algún sitio. El eslogan por el eslogan no me gusta, y hacer una cosa fácil porque tiene una rima, porque tiene una música, tampoco. Creo que aparte de la música tiene que estar la letra. Desde siempre he estado con un papel y un lápiz apuntando las canciones que me gustaban. Para mí la letra está muy metida con la música.

P- ¿El problema de la copla actual son las letras?

R- No lo sé, porque hubo una época en que las letras y la música estaban ahí, casi mandadas por los dioses. Se construyeron muchas y fueron de oro. Después, no sé si es que se han querido hacer más fáciles o que no ha habido mucha demanda, con lo cual las compañías de discos tampoco estaban muy dispuestas para grabar coplas, así que la gente que escribía coplas quizá se vio sin muchas ganas. Sin embargo, hay algunas personas que graban un disco de copla clásica y funciona; o de coplas modernas, porque también lo son las que están grabando la Pantoja, María Vidal o Rocío Jurado. Quizás el más cercano a la copla clásica hoy día sea Manuel Alejandro, aunque Carlos Cano tenía muchas letras con estructura de copla, y Serrat también.

P- ¿ Y con el flamenco qué pasa?

R- Las letras de flamenco siempre han tenido muchas lecturas, pero las nuevas tienen muy poca, son muy recurrentes en términos como la luna o las estrellas, se repiten muchas frases. Manuel Flores, el de Lole y Manuel, hacía muy bien letras nuevas de flamenco. Otro que escribe maravillosamente es Carlos Lencero, que tiene su mundo lírico y puede sacar una cosa aparentemente sencilla, pero que viene de muchas depuraciones.

P- Tus tres últimos discos están llenos de clásicos del cancionero hispanoamericano. ¿Se escribe mejor al otro lado del charco?

R- Creo que en las canciones de esos discos hay una riqueza muy grande, un gran respeto a la métrica y a la lírica popular, sobre todo en la parte del “bolero feeling”, que tiene unas letras muy resumidas y con muchísimo contenido, nada fáciles. No sé si estamos por delante o por detrás, porque realmente ha sido una retroalimentación. Aquí se han cantado también esas letras y se han hecho ese tipo de canciones, lo que pasa que no se conocen lo suficiente. De ahí mi interés por dar a conocer un tipo de letras que allí es muy popular y que tiene mucho que ver con un respeto grande a la lengua española.

(Entrevista inédita realizada en 2002 © Ricardo Aguilera)