Vaya esto por delante: Santiago Auserón preparó su memoria de licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de París, con un trabajo sobre Antonin Artaud, dirigido por Giles Deleuze. No suele encontrarse este tipo de dato biográfico entre la gente del rock, pero es que la cabeza caliente de Radio Futura está que arde. Con semejante curriculum conviene fijarse atentamente en todos los detalles de la obra de Auserón, porque no es hombre que guste en dar puntada sin hilo. Ya el mismo nombre de Radio Futura es un ingenioso ejercicio de síntesis comunicativa: describe a la perfección el rumbo del grupo, sus inclinaciones por la vanguardia y la voluntad de acceder masivamente al público.
Las letras de Radio Futura comenzaron jugueteando con las inclinaciones del momento mágico que se vivía cuando se formó el grupo. Eran los años del renacimiento cultural y vital de España y todo el mundo estaba “Enamorado de la moda juvenil”. Sin embargo, no tardaron en llegar mensajes de mayor calado, como el galimatías de significados oculto tras “La estatua del jardín botánico”. Desarrollando un rock abierto a todas las influencias musicales, Santiago Auserón tuvo el punto picarón de cargar de tensión sexual muchas de sus canciones más conocidas: “En las piscinas privadas las chicas / desnudan sus cuerpos al sol” (“Escuela de calor”); “No tocarte o quizá / podría devorarte” (“No tocarte”); “No te sofoques, mi amor / pero tengo que verte primero / antes de dar más dinero / sin conocer tu valor” (“37 Grados”); “Dicen que tienes veneno en la piel / y es que estás hecha de plástico fino / Dicen que tienes un tacto divino / y quien te toca se queda con él” (“Veneno en la piel”).
La última etapa de Radio Futura enlaza perfectamente con la siguiente vestimenta artística de Auserón. Canciones que evidenciaban su deuda ultramarina, como era el caso de “ La Negra Flor ” o “Semilla Negra”, estaban dando paso a Juan Perro, infatigable estudioso de las raíces sonoras de la música cubana y española. De esta experiencia han salido tres discos - “Raíces al viento” (1995), “La huella sonora” (1997) y “Mr. Hambre” (2000) - en los que el autor no sólo investiga en el terreno musical, sino que las letras están tocadas por la contundente simplicidad de las coplas populares: “Si quieres una escena / te llevo al cine / que si no yo me largo / por donde vine” (“El ala rota”).
Aunque urdir las mimbres del rock latino no le ha rentado tanto como a otros que han seguido su estela, no es probable que deje su labor de investigación en el difícil arte de hacer canciones en las que el castellano no rechine con los acordes del rock. Músico y filósofo, rockero y sonero, estudioso y canalla, Perro y Auserón, Santiago no está por la labor de jugar al éxito facilongo, sino que se deja guiar por su bien educado instinto para descubrirnos tierras nuevas. Conviene viajar con este mestizo del ritmo y la rima: “Cada noche perseguía / con la aguja del dial / la galaxia más sombría / del espacio musical” (“El Mestizo”).
PREGUNTA-
¿Por qué Radio Futura sigue siendo un referente del rock en español?
RESPUESTA-
Creo que conseguimos un buen equilibrio entre la propuesta estética, arriesgada hasta cierto punto, y la capacidad de comunicar con la gente. Además, en sus últimos discos Radio Futura llegó al público de masas sin convertirse en un prototipo de artista manejable cuyo contenido se vacía.
P-
¿Cuáles fueron las condiciones objetivas que se dieron en los años ochenta en España para que hubiera una eclosión de creación musical?
R-
Era un fenómeno que estaba sucediendo simultáneamente en otras artes. Era un movimiento que afectaba a gente de muy diversa índole, todas las actividades de creación coincidieron con un momento en el que había un extraordinario interés por lo nuevo. Eso tiene que ver quizá con la sensación de destape que hubo después de un largo periodo de control de las producciones culturales. Fue una situación social que, de todos modos, es probable que se repita cíclicamente, de una manera no del todo independiente de las situaciones políticas o sociales.
P- ¿A qué atribuyes la despiadada criba que ha realizado el mercado con tus compañeros de generación?
R-
A varios motivos. Yo creo que el principal de ellos es la hinchazón misma que se le dio a un movimiento que no dependía exclusivamente de la iniciativa artística, sino también de unas determinadas condiciones sociales y de un momento cultural. Quizás entonces muchos artistas del rock de este país se fiaron del empujón del éxito de aquel momento y se dejaron llevar por la facilidad del beneficio inmediato y de una atención pública que encumbraba con demasiada facilidad a un rock aún muy inmaduro. No nos dimos cuenta de que los medios de comunicación nos podían volver la espalda sin necesidad de dar explicaciones. El rock fue utilizado como reclamo publicitario que aparecía en todos los anuncios, incluso hoy en día se podría decir que la publicidad es el único medio que respeta todavía las sonoridades del rock con un cierto aura de prestigio, porque en los programas especializados en música el rock se encuentra en un estado de degradación enfermiza. Es un problema social y cultural. Esto quiere decir, simple y llanamente, que muchos gestores culturales que se apuntaron al rock por moda y por tentación de hacer su pequeño viaje a lo desconocido, o por ganas de rozar un mundo que tenía un prestigio de “malditismo”, luego tuvieron mala conciencia, sintieron arrepentimiento y volvieron a su moral pragmática del rendimiento económico inmediato con muchachos de apariencia sana y que no discutiesen mucho en los despachos. En la última década he sentido un cierto resentimiento hacia el rock desde los medios de comunicación.
P-
¿Hablas de un resentimiento contra el rock?
R-
Sí, era una música demasiado ruidosa, demasiado atrevida, demasiado inquietante culturalmente hablando, poco manejable, poco rentable. Después de formar tanto ruido se había vuelto muy problemática a la hora de hacer planes de rendimientos anuales. Entonces decidieron que era preferible manejar a solistas de pelo bien peinado que habían decidido llevar su carrera por el camino correcto.
P-
¿Crees que el rock mantiene ese aura contracorrentista y antisistema con el que nació?
R-
Sí, porque la calle necesita manejar propuestas sonoras que abran espacios. Y para abrir espacios en una ciudad ruidosa a veces hace falta meter mucho ruido. En realidad lo que el rock busca es espacio para progresar, carretera abierta.
P-
¿Con qué debería comprometerse ahora el rock?
R-
Sólo puedo hablar por mí mismo. Creo que deberíamos establecer unos términos comerciales correctos, es decir, que el consumidor esté mínimamente satisfecho de lo que recibe y que sepa porqué; o bien, hablando de las canciones, que el producto sea un poco más duradero de lo que es habitualmente.
P-
¿Es posible hacer rock y hablar de cosas serias, incluso mantener una postura política?
R-
Se echa de menos una canción que tenga una función política inmediata. Plantearse el por qué no ocurre es plantearse problemas estéticos muy importantes: ¿qué lenguaje se puede utilizar para que una canción sea interesante y divertida, al mismo tiempo que te está hablando de problemas políticos? Creo que no sería una canción que se expresase en términos de las ideologías al uso. Tenemos que crear un nuevo lenguaje político desde la calle. El problema está en que si tratamos de decir toda la verdad caemos en algo horroroso, caemos en la máxima de las falsedades, en querer capturar todo lo que se puede decir en una sola visión. Si intentamos hacer una canción política utilizando lugares comunes de la denuncia social caemos en algo totalmente aburguesado, inútil y retrógrado, parecido a la caricatura de canción-protesta que se ha estado haciendo en este país durante años, o bien en la caricatura de canción revolucionaria que se hace desde el rock latino internacional. El problema es que el esquematismo político del siglo pasado ha perdido su vigencia y ya no sirve para construir una teoría radical.
P-
Según un estudio de la SGAE , a todos los jóvenes les gusta la música, mientras que de ningún modo ocurre lo mismo con la literatura. ¿A qué te suena esto?
R-
La música conecta con una parte instintiva del animal humano, se asocia con los deseos inconcretos que los jóvenes no saben a donde conducen, mientras que un adulto sabe, por ejemplo, que el deseo de encontrar pareja te conduce a una hipoteca. Lo que sucede es que los operadores de gestión cultural saben cómo manejar los deseos ambiguos de los adolescentes. En esta situación el rock tiene que aliar sus fuerzas para que al menos una parte de su energía no sea controlada por nadie más allá de uno mismo y sus colegas. Es decir, una parte la negocio con usted, pero sólo una. La otra me la negocio con mi coleguita.
P- ¿Existe la posibilidad de que se haga un rock adulto en España?
R-
Pienso en gente como Ray Davies, que tendrá cincuenta y tantos, pero sigue siendo un “rocker” sobre el escenario que golpea la guitarra y ruge. No deja de ser un caballero, pero sigue siendo un perro rabioso en escena. Mantener esa actitud en el rock parece ser más difícil que hacerlo en el blues, el flamenco o el son, donde el cantante mayor está respetado. En vez de pensar que el rock está muerto y que lo que quedan son dinosaurios haciendo caricaturas de sí mismos, prefiero pensar que hay caballeros salvajes de sesenta tacos que aún están peleando por mantener su identidad expresiva en una frontera muy difícil. Y eso lo veo en Ray Davies, lo veo en Lou Reed, en Dylan o en Elliott Murphy.
P-
Parece difícil encontrar ejemplos similares en España.
R-
Porque creo que el rock en España aún no se ha planteado cómo sobrevivir y cómo mantener su territorio.
P-
-¿Ha habido un relevo generacional que haya enganchado con lo que se hizo antes?
R-
Me da la impresión de que los relevos generacionales siempre proceden de la negación de lo anterior. Ahora vemos que hay una generación que se ha puesto a cantar en inglés, aunque eso tampoco sea nuevo. Lo que pasa es que en los últimos años ha perdido imagen la canción hecha en español que no fuera muy popular y tendiendo a la vanalidad, excepto tal vez en casos como el nuevo flamenco. En el terreno estricto del rock, la canción en español ha perdido imagen a causa de dos fenómenos paralelos: el desinterés de los medios y el cansancio de los creadores incipientes, que se dieron por satisfechos con un nivel de reconocimiento y éxito que les concedió la sociedad a cambio de un estadio de aprendizaje todavía inmaduro de su oficio. Hay que resaltar que el rock en España todavía está en un periodo de aprendizaje, aunque nos estemos haciendo viejos en ello.
P-
Sin embargo, ahí está el boom del rock latino.
R-
La tentación latina en el rock viene de muy lejos, igual que con el jazz. Permanezco atento a la significación política y cultural del fenómeno, pero no es lo que más me interesa. Lo que me interesa son los problemas estéticos, formales, rítmicos y melódicos, la paleta de sonidos de que disponemos para hacer las canciones. Me parece que al rock latino aún le falta estabilidad y entidad para enfrentarse en el contexto internacional.
P-
¿Se puede hablar de un rock español, como se puede hablar del rock argentino o del mexicano, cuando los nuevos grupos españoles que van saliendo cantan en inglés?
R-
Creo que se puede hablar de la existencia de un rock español aunque esté un tanto deslavazado. No hay sensación de movimiento porque sólo en determinados periodos ha predominado en lo musical la iniciativa de la calle, de la sociedad civil. En otros momentos predominan los intereses de la industria, que lo que prefiere es tender a músicas mucho más ligeras, aunque sea cantando en inglés.
P-
¿Tan enorme es el problema de versificar en español que hemos llegado a esa dejadez?
P-
No, yo creo que al contrario. En español existe una tradición de verso ceñido a la métrica, y de verso libre, alucinante. Precisamente ahí es donde creo que está el ejemplo para los que escriben canciones en español. La canción cobrará vida de su relación con los poetas, pero eso es aquí y en todos lados.
P-
En tu faceta de Juan Perro tiraste por la vía de en medio, buscando soluciones en el mundo de la música cubana. ¿Por qué?
R-
Mi acercamiento al son fue un aprendizaje para el que me había preparado el terreno haciendo antologías antiguas y conociendo a los soneros viejos. Lo que yo quería no era dedicarme al mundo de la salsa, como algunos habían interpretado, sino traer al rock español algún fundamento que nos conectase con la rítmica internacional, en particular con la rítmica afroamericana. Una vez hecho ese trabajo y visto hasta donde se podía llegar, también hemos tenido ocasión de poder ayudar a que el son conectase con nuestros circuitos, con nuestro mercado, y hemos podido abrir algunas puertas para que eso tuviese un desarrollo y, al final, hemos cumplido nuestra labor. He conocido músicos muy importantes que me pueden ayudar a retomar la cuestión del vínculo del rock español con el son cubano, y ahora la necesidad imperiosa para mí consiste en reflexionar un poco hacia dentro, trazar una mirada introspectiva y comparar las experiencias del primer Juan Perro con la tradición de cancionística popular que hubiéramos podido heredar hasta aquí a través del prisma del rock and roll.
P-
¿A dónde te ha llevado ese viaje iniciático por el cancionero popular caribeño?
R-
He tenido que dar un rodeo a través del son para encontrar los poemas de nuestra lírica popular proyectados en América, donde se relacionan con otros sones como el rock o el blues. Es una relación que no he inventado yo, sino que históricamente ya se está demostrando. Es un rodeo para llegar a tomar conciencia de nuestra propia tradición lírica y de su capacidad de actualizarse al tomar contacto con los formatos líricos y melódicos que se utilizan en la música popular internacional contemporánea. Entonces, el primer problema que se planteó Juan Perro era conectar con las fronteras americanas de nuestra lengua, y el segundo era cómo encontrar la tradición de la lírica popular propia en nuestro territorio como frontera interna, casi temporal. Buscando el castellano más limpio, las estrofas más asentadas, puedes llegar a los místicos cristianos, y éstos te remiten inmediatamente a la lírica musulmana y judía. Eso te lleva a tener una mirada hacia Occidente desde el sur de Europa, y otra hacia Oriente remontando la tradición lírica popular española, que está muy vinculada con los cantos andalusís y judaizantes. De hecho las primeras jarchas están insertas en poemas árabes, escritos en árabe por musulmanes o judíos. Llevo muchos años fascinado por ese tronco.
P-
Algo de eso hay en “El Joraique”, no?
R-
Es una leyenda que he reconstruido a partir de libros de historia local del reino andalusí de Almería. Trata de un bandolero morisco que después de la expulsión se echó al monte y que, finalmente, tras ser desterrado bajo amenaza de muerte, se dedicó a la piratería. Para narrar la historia del Joraique me salió un romance muy cercano a la estructura más clásica, pero con una diferencia: he tenido que hacerlo más corto para dejarlo en el formato de los tres minutos, los romances suelen ser más extensos. Es un romance comprimido a nueve estrofas de cuartetas octosílabas. Da tiempo justo a contar la historia, he tenido que renunciar a ciertas cosas que me gustaban mucho de la historia del Joraique pero me parece que al final ha quedado coherente. Dentro de ese formato he querido darle un aire de leyenda, un cierto tono épico, un poco como cuando Bob Dylan narra la historia de Pat Garrett y Billy the Kid, que adopta un tono narrativo similar.
P- Esa canción es de “Mr. Hambre”, un disco en el que parece que el proyecto de Juan Perro toma un nuevo rumbo.
R-
Tengo previstos varios episodios de la saga de Juan Perro, varias metamorfosis. Tiene varios sombreros, varios tocados. “Mr. Hambre” es un conjunto de canciones surgido de la necesidad de capturar imágenes de la España que yo he vivido un poco después de la posguerra, justo en ese momento, a finales de los cincuenta y primeros sesenta, que se están viviendo los primeros efectos señalados del plan Marshall, cuando empiezan a llegar los primeros rocks a través de la radio. Ese es el umbral desde el cual yo puedo a la vez tener una oreja puesta hacia la tradición lírica en la escritura y otra oreja hacia las ondas de la radio.
P- A este paso vas a llegar a la copla.
R- No, date cuenta de que al final me salto la copla un poco. Me da la onda de que la copla, a pesar de que está muy bien escrita, cae del lado de una escritura nacionalista burguesa. Es decir, los escritores de la copla son señoritos. Dejémoslo claro, son señoritos a los que les gusta el ambiente de la canalla. En ese sentido han capturado algunas imágenes muy interesantes, como en “Llévame al río”, una canción que rescata imágenes de la infancia rural expresadas en ritmo de rockabilly. La he titulado con la traducción de un título emblemático de la historia del rock, "Take Me to the River". Aunque tiene un tono sensual, predomina el contexto de la naturaleza.
P-
La adaptación de esto al formato de rock debe ser un encaje de bolillos.
R- No tanto.Yo lo veo como una necesidad imperiosa de poner de acuerdo las cosas que me fascinan, aunque realmente los rastros no sean fáciles de encontrar. En cuanto te metes en una frase que, como las que hay en "La Candela", gire con un mínimo de arabesco, verás que, comparado con el flamenco o la canción española, es muy plana, muy simple. Es muy sencillo, pero es el máximo de tensión que permite el ritmo del rock. En cualquier caso, todo lo encamino a encontrar imágenes bonitas. No nos engañemos, la cancionística en español está un poco agotada de recursos temáticos, y no sólo aquí, el panorama internacional es, en general, muy gris.Es cierto que estoy tratando con extremos muy alejados, pero es que nuestro medio cultural es bastante jodido.
P-
En ese mismo disco te marcas un blues, “Yo te cito”, un género que has tocado con frecuencia.
R- Siempre intento hacer un blues coherente en todos mis discos. Es algo que vengo intentando ya desde la época de Radio Futura. Yo creo que es una música que en español se expresa bien. La letra se inspira en los letristas flamencos. Entre los rockeros españoles siempre ha sido un tema de conversación la proximidad del blues con el flamenco, porque ambos géneros comparten el gusto por las imágenes poderosas encerradas en estrofas muy cortas.
P- ¿Crees que todavía queda buen gusto en el rock?
R- Realmente uno se queda con las excepciones, con la gente que conserva el buen gusto. Es algo que hay que discutir en referencia al rock con las nuevas generaciones: el buen gusto, porque hay mucha gente joven a la que le gusta la música radical y de repente te sorprenden con otros gustos claramente horteras. Esa mezcla no me parece mal, pero lo que no puede ocurrir es que perdamos el criterio del buen gusto en los círculos rockeros. Por eso, la gente a la que yo considero valiosa es aquella que, a pesar de tener que estar viviendo bajo una hipoteca, aún conserva una radicalidad en el gusto, un cierto “esteticismo obrero”.
P- ¿Qué te interesa en este momento?
R- Las pistas que llevan a recuperar las armas, a recuperar las fuerzas.
(Entrevista inédita realizada en 2002 © Ricardo Aguilera) |