Entrevista a B.B. KING  

De cerca es mucho más gordo de lo que parece en un escenario; y más viejo. Leyenda viva del blues, B.B. King también es un tipo amable, cariñoso, seguro de sí mismo y con mucha vida tras sus ojos. Tuvimos la oportunidad de hablar con él tras un descomunal concierto en los suburbios de Londres. El bis se prolongó durante hora y media, a medida que King daba cuenta de cuanto guitarrista invitado quería lanzarse a la palestra para acompañarlo. Cuando agotó a todos, Lucille seguía cantando y el personal aún echaba humo. En su haber cuenta la popularización del blues para un público ajeno a la raíz de esta música. En el debe, según dicen algunos, haber pulido en exceso las aristas del género. Estilista fundamental de la guitarra afroamericana, King tiene, en cualquier caso, su lugar asegurado entre los más grandes.

Pregunta - Usted trabajó de niño en una plantación, ¿qué música se escuchaba allí?

Respuesta - Bueno, donde yo vivía se escuchaba blues, gospel, jazz y country. Aunque parezca extraño, me interesé antes por el country que por el blues. Escuchar cualquier tipo de música te hace mejor como músico que si no la hubieras escuchado.

P - ¿Quiénes marcaron su estilo?

R - Tantos que no tendríamos tiempo para enumerarlos. La primera persona que señalaría sería Lonnie Johnson, también Blind Lemon, ambos tocaban la guitarra acústica de blues. Me gusta el jazz, así que tengo que recordar a Charlie Christian, el guitarrista que tocaba con Benny Goodman; también un francés, Django Reinhardt, y un tejano, T. Bone Walker. Esos cinco hombres son los que más me han influenciado, todavía lo hacen. Cuando voy de gira llevo cintas suyas y las escucho todos los días.

P - ¿Cuando comenzó, qué decían de su manera de tocar los viejos bluesmen?

R - No sabían nada de mi. Creo que escuchaban a gente aún mayor que ellos, y yo soy una extensión de ellos, como todos lo somos en realidad. Pasa lo mismo con los jóvenes de ahora, que me felicitan y aprenden de mí.

P - Usted le ha dado una pátina respetable al blues, lo ha sacado del guetto para instalarlo en los salones de la clase media. ¿Cómo lo ha conseguido?

R - Para mi el blues es como cualquier otra música, sólo depende de cómo la presentes. Quiero creer que los viejos maestros del blues no bebían, no fumaban, no usaban drogas y no estaban locos por las mujeres, aunque yo si lo estoy. Me encantan las mujeres, pero no fumo y sólo bebo vino moderadamente en las comidas. Al principio de mi carrera bebía como un desesperado todo el tiempo, pero hace más de veinte años que decidí parar. Lo que me siguen gustando son las señoras, mirarlas, verlas caminar, decirles que están guapísimas. Pero estoy soltero, me divorcié hace 25 años y no me he vuelto a casar porque viajo mucho y a las mujeres no les gustan los hombres que se mueven tanto. Así que he decidido no casarme hasta que no deje este tipo de vida.

P - Cuentan que ha llegado a dar más de 300 conciertos en un año. ¿Realmente necesita trabajar tanto?

R - En los USA hay miles de emisoras de radio, pero sólo 28 dedican una parte apreciable de su programación al blues. Así es muy difícil que un músico de blues gane un buen dinero. He comprobado que cuando voy de gira de ciudad en ciudad, la prensa se hace eco de ello. Eso repercute en la venta de discos y se gana más. Además, siento que tengo la responsabilidad de acercar el blues a la gente, permitirles disfrutar de él. En mis espectáculos los músicos no fuman ni beben en el escenario y llevan una especie de uniforme para que aparezcan como una buena banda; eso es lo que me gusta, porque así la gente tiene aquello por lo que ha pagado. El público es quien decide, él te eleva o te tumba. La razón por la que viajo tanto es porque no se pueden ver muy a menudo guitarristas de blues, y mi trabajo repercutirá en los músicos venideros. Eso espero. Ahora me va bien, gano dinero, pero aún así, necesito hacer siete actuaciones a la semana para ganar lo mismo que cualquier estrella del rock en un sólo concierto.

P - ¿En qué momento comenzó a llegar al público blanco?

R - Creo que empezaron a escuchar mi música en los 60. Recuerdo una entrevista que le hicieron por esos años a John Lennon, le preguntaron qué era lo que más le gustaría. Contestó que tocar la guitarra como B.B. King. Era algo que no me podía creer, los Beatles eran el grupo más importante de rock que existía por entonces. Desde entonces empecé a ser más conocido y noté que en los conciertos cada vez había más gente blanca y menos negra. Cuando comencé en esto mi público era de gente negra de mi edad o mayores. Ahora son jóvenes los que vienen a verme, y son blancos, apenas hay algún negro, no entiendo muy bien por qué. Yo toco para el público sin importarme su color. No pienso en esos términos. Para mi lo importante es tenerlos enganchados con mi música. Presto mucha atención a los comienzos de cada concierto, me fijo en la reacción del público y trato de animarlo. No es que pida que se tiren de los pelos, pero me gusta ver que siguen el ritmo.

P - Usted dedica parte de sus ingresos a mantener una fundación de ayuda a la rehabilitación de los presos en su país, ¿por qué?

R - Los ayudo porque puede que muchos de esos jóvenes sean inocentes, no lo sé, pero incluso si son culpables creo que necesitan una segunda oportunidad si no han cometido crímenes graves. Si alguien es un asesino, creo que debe pagar un precio, pero no con su vida. Quitar una vida no devuelve otra; quizás debería trabajar para la familia de la víctima durante el resto de su vida o el tiempo que se estipule, pero no ejecutarlo, no creo que sea algo bueno, me parece terrible. La gente debe pagar si es culpable, pero hay muchos jóvenes que no son culpables, son personas que cometen errores y que necesitan una ayuda. Deberían existir programas de ayuda para que no hagan lo que no deben. No paran de gastar dinero en hacer más y más cárceles, pero nadie repara en hacer algo para impedir que la gente entre en ellas. Eso me preocupa mucho y hago lo que puedo para ayudar. También pienso que todo el mundo es bueno, pero algunos hacen cosas malas. Y creo que si los que se equivocan hubiesen tenido alguien que les guiara habrían tenido una oportunidad.

P - ¿Qué opinión le merecen las manifestaciones de afroamericanos que ha habido en su país en los últimos años?

R - Me parecen bien porque son una demostración de solidaridad. La gente debe juntarse por buenas causas. En Estados Unidos se abolió la esclavitud hace ciento y pico años, pero mi estado natal, Misisipí, se ratificó hace alrededor de seis meses. El odio ha sobrevivido durante mucho tiempo. Durante los sesenta y setenta se popularizó la idea de que la segregación era mala. Hoy, cuando la gente se junta por una buena causa —y para mi una buena causa es juntarse para defender derechos humanos, no por odio a otros— yo la apoyo. Lo que es terrible es hacer manifestaciones para fomentar el odio entre razas en el sentido que sea. Me parece muy bien que la gente esté orgullosa de su raza, sea blanco o negro, pero no hay por qué odiar a los demás.

P - ¿Y que me dice de la reciente manifestación de mujeres negras?

R - Las mujeres se han ganado el derecho a protestar. Han sido mal tratadas durante mucho tiempo. En muchos lugares, en muchas culturas, en muchas razas distintas, las mujeres han tenido serios problemas para ser ciudadanos de primera. Ellas crían a los niños, atienden la casa y cuando trabajan no les quieren pagar lo mismo que al tipo de al lado. Hablo de EE.UU., no sé en su país cómo será. Han aguantado muchas cosas que son denigrantes y creo que es un error.

(Publicado en Mas Jazz)